Este pequeño y humilde espacio ha tratado de contar algunas pequeñas y humildes historias de nuestro querido siglo diecinueve. Han llegado a nosotros por vías tan variadas como ricas.
Lo de hoy, primer día del mes de Julio, tiene que ver con el más profundo espíritu de esta centuria: revoluciones, contrarrevoluciones; Europa, América; rancia y tozuda aristocracia, culta y discreta burguesía libertaria. Por qué no también con ficción y realidad; con mitos y verdades.
Cuenta don Pacho O’Donnell, unilateral amigo de esta casa (unilateral porque él no tiene la más pálida idea de que somos sus amigos), que en el año 1818, y un primero de Julio, llega al puerto de Buenos Aires Pierre Benoit. Hasta aquí nada más interesante para nosotros que el hecho de que don Pedro era un profesional del diseño; arquitectónico e ingenieril, pero diseñador al fin… colega como quien dice, y que ya para 1823 laburara para el gobierno (de don Bernardino).
Lo interesante y maravilloso de su discreta vida en Buenos Aires es que se dice la eligió para escapar de una segura muerte, de descubrirse su verdadera identidad. Muerte deseada por monárquicos y republicanos en medidas similares, pero con motivaciones muy diferentes. Cuenta la leyenda que don Pedro era ni más ni menos que un sobreviviente de la Familia Real Francesa… el tipo habría sido Luis XVII, hijo de María Antonieta y Luis XVI… sí, los que perdieron la cabeza por la corona… literalmente…
Esa hipótesis, seriamente sostenida desde datos históricos concretos, ha sufrido una serie de intentos de descrédito; el más efectivo, a través de exámenes de ADN de un supuesto corazón que aún se conserva del llamado Delfín. Lo que no se dice por allí es que a esa info no quieren contrastarla ni a palos con otra igualmente determinante y que refiere que, los restos óseos correlativos a ese corazón provenían sí de la fosa en donde se sepultara a la flía. Bourbon, pero de un niño de unos doce a catorce años, cuando en realidad el Delfín murió supuestamente con unos cuantos menos (y no estaba para nada mal alimentado).
De todos modos, quién nos quita lo creído, si su vida parece ser a la vez fruto y raíz de la más pura novela decimonónica.
Aparentemente siquiera sus hijos supieron del caso mientras él vivía, pero tuvo sutiles gestos, a modo de pequeñas pistas; casi siempre esas miguitas de amor filial, tan profundo como oculto, llevaban el destino de María Antonia Josefa Juana, la Delfina de Francia…

MAESE JOE, SQUISITO IL SUO COMMENTO!!!
ResponderEliminarSon esas historias (quasi fabbole) que siempre da placer leer.
La única cosa discutible (salvo que vuelva al oculista) es el tamaño de la letra... ni con lentes la veo. Per pietá!!! un poco de solidaridad con mi medio siglo!
Tu colega que te quiere
Interesante historia!
ResponderEliminarBesos Ale y, sus deseos son órdenes; ya nomás.
ResponderEliminarGracias Mati
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